La selección iraní de fútbol llega este domingo a Los Ángeles para debutar el lunes ante Nueva Zelanda en el Mundial 2026, en un partido atravesado por la guerra en Medio Oriente, las tensiones diplomáticas con Estados Unidos, las restricciones de visado a parte de su delegación y las posibles protestas de la diáspora iraní.
Desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron sus ataques contra Irán y comenzó el conflicto bélico, la gran incógnita era si el "Team Melli" viajaría finalmente al territorio de uno de sus principales adversarios para disputar la Copa del Mundo.
Estados Unidos rechazó conceder visados a una quincena de integrantes de la delegación, entre directivos y otros responsables, e Irán decidió modificar su campamento base durante el torneo, trasladándolo a Tijuana, en México, en lugar de instalarse en Tucson, Arizona, como estaba previsto inicialmente.
Sin embargo, para disputar el primer partido el ingreso a territorio estadounidense es inevitable. Este domingo se espera el arribo del plantel antes de una conferencia de prensa prevista para las 15.45 locales (19.45 en Argentina) en el SoFi Stadium, ubicado cerca del aeropuerto internacional de Los Ángeles. El seleccionado llegará procedente de Tijuana tras un vuelo de apenas 20 minutos.
Comenzar el Mundial en "Tehrangeles", uno de los apodos de Los Ángeles por la gran comunidad iraní que reside allí, podría parecer una ventaja. Sin embargo, una parte importante de esa diáspora considera a la selección un instrumento de propaganda de la República Islámica.
La ciudad californiana fue escenario de multitudinarias manifestaciones a principios de este año para denunciar la represión contra un movimiento popular en Irán, que dejó miles de muertos.
¿Se detendrá el partido?
En las últimas horas volvieron a surgir convocatorias para manifestarse el lunes en Inglewood, en las inmediaciones del estadio con capacidad para 70.000 espectadores. Los organizadores llamaron a exhibir la bandera iraní anterior a la Revolución Islámica, la enseña verde, blanca y roja con el tradicional león y el sol.
Las protestas podrían trasladarse incluso al interior del estadio mediante abucheos durante la interpretación del himno nacional, como ocurrió en Qatar 2022, alimentando la incertidumbre sobre el desarrollo del encuentro.
El ministro iraní de Deportes, Ahmad Donyamali, advirtió que su país seguirá de cerca la presencia de "banderas y cánticos" y dejó abierta la posibilidad de reclamar medidas si aparecen símbolos que considere hostiles a la República Islámica.
Por su parte, el presidente de la Federación Iraní de Fútbol, Mehdi Taj, recordó el sábado que la FIFA debe garantizar que únicamente la bandera oficial de la República Islámica de Irán sea visible en los estadios mundialistas.
El reglamento del organismo rector del fútbol prohíbe el ingreso de elementos de naturaleza política a los estadios. Sin embargo, esa norma ha sido aplicada con distintos criterios en ediciones anteriores y todavía no está claro cómo actuarán las autoridades frente a eventuales manifestaciones de opositores que cuenten con entrada para el partido.
Todo este contexto convierte al duelo entre Irán y Nueva Zelanda en uno de los encuentros más tensos y observados de la primera fase del Mundial.
Irán disputará sus tres compromisos del Grupo G en territorio estadounidense: tras el debut en Los Ángeles volverá a jugar allí el 21 de junio frente a Bélgica y cerrará la fase de grupos en Seattle contra Egipto.
"Mensaje de paz"
¿Podrá el "Team Melli" concentrarse exclusivamente en el fútbol en este escenario? En los papeles, el conjunto iraní tiene opciones de superar por primera vez una fase de grupos mundialista, favorecido por un cuadro accesible y por el nuevo formato de 48 selecciones, que permite el acceso a los dieciseisavos de final de los ocho mejores terceros.
Irán ocupa el vigésimo puesto del ranking FIFA y parte como favorito para el estreno frente a una Nueva Zelanda que marcha 85ª y que nunca consiguió una victoria en una Copa del Mundo.
Otro motivo para el optimismo es la presencia del delantero Mehdi Taremi, quien convirtió dos goles en Qatar 2022 y llega como una de las principales referencias ofensivas del equipo.
"Es mi tercer Mundial. Siempre he dicho que cuando se pone un pie en el país anfitrión tienes que sentir una atmósfera cálida y acogedora. Puede que solo sea una impresión, pero no lo siento ahora. Evidentemente, hay una tensión importante, pero me gustaría que el deporte y la política estuvieran separados", afirmó el atacante de 33 años del Olympiakos griego, quien aseguró que espera transmitir "un mensaje de paz" dentro del campo de juego.